• ARCACHON, OSTRAS DE CINE
    Carla Y Pepe Barrena, Dos en la Carretera, viajes de cine para gourmets, hoy en Arcachon.

    No os vamos a mentir, quien siga leyendo recordará una de las comedias más populares del cine francés en lo que va de siglo mientras descubre Arcachón, sus cafés más míticos y curiosidades de la perla del marisco. En este post, Dos en la Carretera ponen rumbo a la costa atlántica francesa, para hacer otro viaje de cine para gourmets y saborear la finura de las famosas ostras de Arcachon.

    “Pequeñas mentiras sin importancia” (Guillaume Canet) fue el taquillazo del año 2010 en Francia. La historia que cuenta, en resumen, es la de un empresario de éxito que reúne como cada verano a sus amigos en su casa de la costa, pero con un añadido inesperado y trágico: uno de ellos sufre un terrible accidente antes de la escapada estival (soberbia e impactante la secuencia inicial del film). Pese a ello, todos deciden ir de vacaciones con el anfitrión y contar sus mentirijillas y apariencias entre juergas, amoríos pendientes y rencores sin sanar.

    El éxito de esta comedia dramática cuyo título original es “Les petits mouchoirs” (expresión utilizada en los juegos infantiles para tapar con el pañuelo lo que no se quiere ver) se sustentó prioritariamente en el magnífico elenco actoral, pues juntó a la créme del cine francés del momento: François Cluzet, Marion Cotillard, Jean Dujardin, Gilles Lellouche, y en un papel secundario, pero vital para este viaje que proponemos, un tal Jöel Dupuch, actor y ostricultor en Cap Ferret.

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    Jöel Dupuch, actor y ostricultor

    Nos vamos a la maravillosa bahía de Arcachon, donde se rodó buena parte de la película, en busca de sus ostras de cine.

    Arcachon, en la Aquitania atlántica francesa culminando las inmensas playas de las Landas, concentra algunos de los paisajes más sugerentes de Europa, como la gran duna de Pilat, las cabañas zancudas sobre pilotes, la isla de los pájaros o el apacible Cap Ferret mencionado, estampas primorosas de naturaleza en las que no podían faltar los paisajes ostrícolas, esa pincelada gastronómica que da seña actual de identidad a esta antigua ciudad balneario.

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    Arcachon. Francia

    Efectivamente, Arcachon es la ostra y es tal la pasión de sus habitantes y visitantes por este bivalvo que cualquier aperitivo, comida o cena pasa obligatoriamente por saborear al menos media docena de piezas debidamente matriculadas, sea en el exquisito bar-terraza del Hotel La Corniche (diseñado por Philippe Starck) o en el que posiblemente es el restaurante más popular del paseo marítimo, Le Café de la Plage y su anexo Chez Pierre.

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    Hotel La Corniche, diseño de Philippe Starck

    En el Café no hay que fiarse mucho de la carta, muy similar a la de otros sitios marineros del litoral francés, sino en la pizarra donde se plasma a diario en trazos de tiza lo que propone el chef. Ahí se aprecia el interés por una cocina más moderna, con platos sutiles y bien compuestos, como el consomé de centollo con cigala al hinojo, mousse de apio y gelatina de limón; o los camarones asados con risotto trufado y caldo de hierbas. De lo de siempre destacar la fastuosa Tarte Royale, contundente pastel de pichón y foie gras, y la pera confitada a la mantequilla de Cassis para el postre. Pero sobre todo hay que disfrutar de las finísimas ostras especiales de Jöel Dupuch mientras se saborean historias y leyendas sobre la crianza de estos sibaríticos bivalvos en sitio tan privilegiado.

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    Le café de la Plage

    Historias como la que asegura que fue Napoleón III quien desarrolló la cría de ostras en Francia al crear en 1849 los Parques Imperiales en el Bassin d´Arcachon; detalle éste que tiene mucha relación “aristocrática” con el excepcional criadero del actor y sus socios, denominado Les Parcs de l’Impératrice; así que si ven en las cartas ostras de la Emperatriz no duden un instante en solicitarlas. La experiencia y un ecosistema único como este de Arcachon las hacen excepcionales, porque una buena ostra está en manos de sus cuidadores y de las bendiciones de la naturaleza.

    Bar de La Corniche

    Otra historia para quedar bien en las tertulias sobre el “marisco de las perlas” o “la perla de los mariscos” es la del afinado, proceso que define la calidad de la ostra. Lo resumo: Las ostras, tras su cultivo y recolección, se someten al paso imprescindible, consistente en la introducción en estanques llamados claires donde se purifican y engordan con una alimentación especial a fin de mejorar su carne y su sabor. En función del tipo de afinado se clasifican en de claire (1-2 meses en tanque), fine de claire (4-5 meses) y spéciale de claire, tipología en la que lo más importante no es el tiempo de afinado, que elige el ostricultor, sino la categoría de las aguas y el tipo de plancton empleado en la alimentación.

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    Y sobre la cata de ostras un primer consejo: hay que desechar el agua del interior para que así se acentúe la pureza del sabor y proceder a una masticación larga que permitirá obtener sorprendentes matices. Es un pequeño detalle con importancia para catar estas ostras de cine.

    * Carla Royo-Villanova y Pepe Barrena son Dos en la Carretera, hacen viajes de cine para gourmets y son propietarios de todas las imágenes que se muestran en este blog.

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