COMILLAS, LOS “PRIMOS” Y EL REMEDIO

Carla: A escasos días de volver a volver como he vuelto mil veces, a mi querida tierruca, Pepe Barrena a sabiendas de mi amor por Cantabria nos deleita en este nuevo post con una entretenida película ideal para el verano familiar que fue rodada en la villa de Comillas. A finales del siglo XIX la Familia Real española decidió instalar en este bello pueblo a orillas del Cantábrico, su residencia estival. Con ellos llegó parte de la nobleza que les rodeaba y a su vez otros aristócratas y empresarios de la época. Comillas se convierte en epicentro vacacional de la alta sociedad que encarga a los arquitectos más famosos del momento, Gaudí o Domenech entre otros, la construcción de espectaculares casonas y palacetes. Su auge social fue perdiendo facultades cuando a finales del siglo XX otros lugares de España cautivaron a la alta sociedad. Comillas, si bien ya no es lo que fue, sigue viviendo de las rentas y mantiene intactos a muchos incondicionales. En este post, Dos en la Carretera se van hasta allí para saborear un viaje de cine para gourmets en el corazón de Ruiloba y rememorar «Primos» por las calles de Comillas.

¡Qué Remedio!

Pepe: Aunque se va despojando de parte de su glamour de antaño, la villa cántabra de Comillas pertenece al selecto club de lugares vacacionales del Norte ungidos por las preferencias de la gente bien, incluyendo la aristocracia que arrastraba en sus estíos la Familia Real, y que siempre prefirieron una jornada con brisa soleada y fresca del Cantábrico antes que una semana de achicharre en el Mediterráneo. Pasear con la rebeca a mano, vestirse con estilo para el aperitivo o la cena y hablar de la high society siempre fueron matices y prioridades en sitios como Zarautz, Ribadesella o este pintoresco panorama al que nos acercamos en busca de rodajes y emociones.

Pueblo de Comillas

Comillas es un decorado completo, idóneo para varios géneros de películas. Es un grandioso escenario de edificios imponentes, como la Universidad Pontificia, modernistas, con el sello de Gaudí, o de casonas y calles con el inconfundible sabor fusión de lo rústico y lo chic, en el que una comedia bien construida puede dar mucho de sí. Es lo que hizo el director Daniel Sánchez Arévalo en “Primos”, la historia que cuenta el desasosiego del joven Diego cuando su novia le planta el día de su boda. Hecho polvo en todos los sentidos, sus primos Julián y Josemi intentan animarle llevándole al pueblo donde veraneaban. Allí, recuperarán amores nunca olvidados, iniciarán otros inesperados y entablarán amistades de las que no se borran jamás. Comedia suave, familiar, sin grandes pretensiones, pero resultona, es un film destacable para reflejar en planos varios los atractivos de Comillas, desde su puerto pesquero hasta la plaza del Ayuntamiento, lugar en el que se desarrolla el divertido concierto final. El mar, las atalayas, las habitaciones con luces tenues y la atmósfera de verano sin prisas, están bien captadas, tanto como el diseño del menú de uno de los restaurantes más interesantes de la cornisa cantábrica.

Terraza El Remedio. Ruiloba

Nos vamos hacia Ruiloba, junto a Comillas, en busca de El Remedio, sitio envuelto en la transparencia de un paisaje sobrecogedor y místico, con ermita y acantilados de propina, en el que una joven pareja de chefs, Samuel Fernández y Caterina Santucci, recrean de forma sobresaliente la culinaria de producto entendible aderezada con los justos matices que realzan o convierten a cualquier materia prima en algo recordable. Así que tomen nota: un chef local con importante currículum (Casa Gerardo, Martín Berasategui, varios “estrellas” italianos como Inopia o Il Pagliaccio) y una cocinera transalpina han fusionado sus pasiones en esta bella y elegante zona vacacional de Cantabria.

Mozarella con anchoas de Santoña. El Remedio

Con un ambiente sereno, cálido, a tono con la quietud que emana del lugar y del omnipresente mar de fondo, un menú de cine en El Remedio debe comenzar, como las buenas películas, con algo impactante, caso de la soberbia ostra de San Vicente de la Barquera con velo de tocino caramelizado y emulsión de limón de Ruiloba, cítrico con justicia aclamado que también protagoniza el sensacional licor artesano elaborado por los chicos de la casa y la compota de acompañamiento de las rabas de calamar. Otro molusco fascinante, el mejillón, se oficia escabechado con gel de manzana e hinojo. Son dos sutilezas que confirman la categoría de un chef que practica lo que predica, una cocina limpia y sabrosa con una técnica respetable y el aderezo de ingenio que la incrusta en la modernidad. Otros bocados sensatos son el impecable taco de bonito con tomatillos y chalotas agridulces y la cebolla rellena de lechazo, un suculento peligro que puede crear adicción.

Spaguetti con ajo, guindilla y erizo de mar. El Remedio

¿Y el toque italiano? Lean: ñoquis con pisto de verdura; espaguetis con ajo, guindilla y erizos de mar; mozarella de búfala con anchoa en salazón de Santoña. Magnífica repostería a cargo de la Santucci, con un capuccino de leche helada idóneo para los días de estío o con una seductora y modernísima tarta rota de chocolate con helado de frambuesa que podría estar firmada por cualquiera de los artistas de la escenificación gastronómica. Este sitio va a atraer a muchos fieles, y no por la iglesia donde se encuentra.

Comillas

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