GALANES EN EL CABO DE GATA

Indiana Jones

Nos fugamos tentados por el rastro de los galanes y la belleza de un marco único, allí donde la geología se puso caprichosa. Tierra anhelada desde que el hombre es hombre y conquistada por los más fuertes, como suele suceder.

Almería y su Cabo de Gata nos esperan siguiendo las huellas de los grandes galanes de Hollywood y de aquellos otros galanes, a los que aún hoy, aunque escasean, aún podemos saborear. Hoy tengo la suerte de estar rodeada de galanes.

Solo por haber sido escenario de películas como Patton, El viento y el león, Lawrence de Arabia, Por un puñado de dólares o Indiana Jones y la última cruzada, el Cabo de Gata almeriense merecería un Óscar al decorado y una portada de revista ilustrada con algunos de los galanes más atractivos de la historia del cine contemporáneo que dejaron sus huellas en los rodajes de estos hechizantes parajes. Hablamos de Clint Eastwood, Harrison Ford, Sean Connery, George C. Scott, Peter O´Toole. Más o menos los guaperas oficiales de aquel añorado cine no tan lejano de aventuras.

Harrison Ford y Sean Connery en la playa Mónsul

Solo por pisar la misma tierra que pisaron estos galanes, cualquier mitómano tiene que aventurarse a atrapar con todos los sentidos este milagroso cabo cuyo litoral de imponentes acantilados, rocas erosionadas y calas de película está salpicado por un mar azul en el que, de vez en cuando, los pescadores se hacen con un tesoro más emocionante que la contemplación del Santo Grial para Mr. Jones.

Son los galanes, esos peces que también llaman loritos, pámpanos, raones o raós según las geografías mediterráneas y que en estas costas representan el sumun de la esencia marinera por su delicadeza y sabor.

Galanes

Con más de 400 filmes rodados en sus parajes, Almería ha tenido la magia de viajar a través del cine, pues ha sido Arabia, California, Sicilia, Egipto o los polvorientos y rudos estados americanos que trazaron la iconografía del western. Es un lugar que, dotado de una piel camaleónica, se ha disfrazado tanto y con tanta fortuna, como asegura certeramente Manuel Martín Cuenca en la imprescindible Guía almeriense dedicada al Cine. Puede que el desierto de Tabernas sea la imagen más icónica de sus rodajes, (de hecho, es donde se instalaron los turísticos Parques Temáticos al estilo Hollywood, pero nuestra brújula prefiere adentrarse en el fabuloso paisaje de las ilusiones de esta prolongación orográfica suroriental de la Península, acompañado de las pitas, plantas de excepcional plasticidad para los planos de las películas del oeste, o las margaritas de mar que dan el colorido necesario al paisaje geológico de Gata. Además, las cintas antes recordadas y por aquí rodadas pertenecen a la categoría de obras maestras o notables en sus géneros, motivo suficiente para quedarnos a catar estos horizontes.

Hotel Casa Pakita. San José

La escapada más recomendable debería iniciarse en San José, el pintoresco pueblo marinero, y en ningún sitio mejor que en el Hotel Casa Pakita, un cuidado y reconfortante establecimiento de arquitectura vasca con una luminosidad envidiable y con unas vistas del municipio y el mar impagables. Es sitio idóneo y sibarita para tomarse un aperitivo o bajar a la playa desde su terraza exclusiva. Lo importante para el viajero cinéfilo y gourmet es que muy cerca de aquí hay destinos importantes. En lo fílmico y ecológico apuntar las cuidadas, pero de difícil acceso (no coches) playas de Mónsul y Genoveses, escenarios de innumerables películas. Para los que adoramos la saga de Indiana Jones, recordar que en la de Mónsul se rodó una de las escenas más logradas de la tercera entrega, cuando padre e hijo (Connery y Ford) hacen caer a un caza alemán con la única arma de un paraguas y un ejército de gaviotas alocadas.

La Gallineta

A la salida de San José, en dirección a la capital, se encuentra el cortijo El Sotillo, hoy reconvertido en estiloso hotel y antaño una de esas modestas propiedades agrícolas y ganaderas almerienses con una construcción de adobe, y paredes encaladas parecidas a las mexicanas. Si se recrean con Por un puñado de dólares, contemplarán al hombre sin nombre (Clint Eatswood) andar sigilosamente por esta finca. Un poco más adelante, en el Pozo de los Frailes, no está de más una parada con mesa incluida para tomarse alguno de los mejores arroces de la provincia, con música de jazz y deliciosa terraza sombreada. Es La Gallineta, uno de los restaurantes donde se escapa la jet y el famoseo que es de los pocos que están intentando traspasar el recio clasicismo de la cocina almeriense.

Chiri Bus

De camino hacia la punta del Cabo de Gata ya se olisquea la presencia de los sibaríticos galanes, peces de color anaranjado parecidos a los salmonetes, pero más planos. Son la joya de estas costas junto a las gambas rojas de Garrucha y del mar de Alborán. Es un pescado que los baleares y catalanes (raó o raor por allá) han convertido en el más caro del país por su exquisitez, piel gelatinosa y carnes de sabor limpio y elegante.

Brasas para los espetos en Chiri Bus

La ventaja de estar por el cabo de Gata es que los galanes los podemos saborear a menos de 30 euros el kilo, no a 100, como estilan los de arriba. Para constatar su finura, nos vamos hasta el Chiri Bus, popular chiringuito marinero que se provee de las barcas de pescadores diarias y que asa piezas con virtuosismo en la barcaza de la entrada, a modo de espetos y brasas con luces embriagadoras en las salidas y puestas del sol. A la plancha, fritos con un ligerísimo rebozado de harina o atravesados para dejarse mecer por las llamas de la hoguera, los galanes inspiran esas ilusiones que los gastrónomos y mitómanos encontrarán por estos paisajes mil veces vistos en la gran pantalla.  

Arrecife de Las Sirenas. Cabo de Gata

  • Todas las fotografías son propiedad de Pepe Barrena y Carla Royo-Villanova
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