PALERMO, EL PADRINO Y LOS CANNOLI

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Teatro Massimo. Palermo


Elegir la capital de Sicilia y el dulce que representa la quintaesencia de su cocina para adornar esta escapada es obligado tratándose del personaje que encarna la vida y miserias de los Corleone. La torrencial descripción cinematográfica de los avatares de Don Vito, primero, y de su sucesor Michael, está salpicada de idas y venidas a la isla que se dice es un continente, dada su geografía e historia absolutamente original respecto a otras regiones italianas. Crisol de civilizaciones que ha estructurado a lo largo de dos mil años su economía, su cultura, su sociedad y su arte, Sicilia, como Palermo, están inequívocamente ligadas a la Mafia, argumento prioritario, con sus métodos y costumbres, de la genial trilogía creada por el director Francis Ford Coppola. Y la Mafia (cuyas siglas provienen de la sentencia “Morte alla Francia, Italia anela”, emitida por el pueblo siciliano cuando, tras siglos de explotación por intrusos invasores, se alzó contra la operación francesa) está intrínsecamente unida a la comida y sus rituales.

Pescadería en el Mercado Ballaro Palermo

Celebraciones y vendettas eran resueltas después de opíparos banquetes en mesas rebosantes donde nunca podían faltar elementos sagrados como el pan (que significaba la unión), el vino (la sangre y la fidelidad), el ajo (la omertá o silencio hasta la muerte) o la sal (la valentía). Códigos sutiles que realzaban el recetario de Sicilia y de los gángsteres, un muestrario que hoy sigue siendo indispensable para saborear lo mejor de esta cálida tierra y descubrir las habilidades culinarias de sus gentes, la mayoría tan nobles como sus manjares.

Cartel El Patrino III


Por las casas y restaurantes napolitanos, muchos con ese encanto destartalado y un tanto caótico de la ciudad, desfilan platos como las anchoas envueltas, el atún con alcaparras, la pasta con gambas y pez espada (el pescado favorito de la isla) o con albóndigas de carne, tomate, huevo, berenjena y menta. También son de nota los carpaccios rústicos y el tacchino alla palermitana, pero lo que no hay que perderse son los cannoli rellenos de queso ricotta, que recordarán por siempre los admiradores de la saga de El Padrino pues el malvado Don Altobello era un amante de estos golosos canutillos cremosos.

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Cannoli. Palermo

Los últimos que tomó en su vida de ficción, y adecuadamente envenenados, se los zampó en el Teatro Massimo, majestuoso escenario donde Coppola rodó algunos de los últimos y trágicos planos de su memorable historia en la tercera entrega, con Al Pacino, Diane Keaton y Sofía Coppola culminando la sesión operística y su vida en las escaleras centrales de tan emblemático edificio.
Muy cerca de este templo de la ópera está el café Spinnato, en la peatonal calle del Príncipe de Belmonte. En el año 2005 la prestigiosa guía italiana Gambero Rosso lo declaró como el mejor café-restaurante de Italia. La referencia a tan apreciado título se puede observar en la barra de una de las entradas junto a otros premios concedidos a lo largo de su longeva existencia.

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Café Spinnato. Palermo

El Spinnato conserva ese aroma de establecimiento con clase donde toda la maquinaria funciona a la perfección para ofertar un repertorio de cafés, helados, pastelería y comida popular de nivel. Sobra decir que sus cannoli son extraordinarios, crujientes al primer mordisco y voluptuosos en boca. ¿Cómo es posible que con este regalo hubiera mentes frías y carentes de piedad? Por ejemplo, y ahora hablando de realidad y no de ficciones en la pantalla, el mítico y sanguinario capo Lucky Luciano, que instaló su cuartel general después de ser expulsado de Estados Unidos en el Gran Hotel des Palmes, en la vía Roma palermitana, un edificio de aires Belle Èpoque que también acogió, entre otros mitos, a Richard Wagner mientras acababa su “Parsifal”. Este hotel es un buen punto de partida para admirar la rebosante mezcla y fusión de estilos arquitectónicos de Palermo, su esplendorosa bahía, sus bulliciosas avenidas y callejuelas donde la vida transcurre sin prisas, sus peculiares mercados al aire libre, como el de Ballaro o Vucciria, ambos al más puro estilo de una kasbah medieval en donde espléndidas hortalizas y cachivaches se perfuman con el humo de parrillas inesperadas.
Dicen que Sicilia y Palermo avanzan mientras la Mafia palidece.

En Taormina. Sicilia

El viajero no ha de hacer caso a rumores y prepararse para ver las maravillas barrocas de Siracusa, las puestas de sol en el valle de los templos de Agrigento, la ciudad medieval y los escalofriantes acantilados de Taormina que hipnotizan a artistas y potentados anclados en sus yates, las remotas villas interrumpidas por cordilleras montañosas y llanuras, las tierras inmensamente fértiles que rodean al volcán del Etna o el anfiteatro natural (la Concha de Oro) en el que descansa la gran urbe palermitana con su carácter europeo y oriental.

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Etna. Sicilia

A pocos kilómetros de la capital, el pueblo de Corleone y el fantasma de la película que permitió a Francis Ford Coppola iniciar su leyenda y aseverar eso de que “la venganza es un plato que se sirve frío”. Don Altobello lo comprobó con los cannolli.

Pepe Barrena
  • Fotografías: Pepe Barrena y Carla Royo-Villanova

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